Luna. Gloriosa luna. Amarilla y enfermiza luna. Ya marchaba a olvidar mi consciencia y disfrutar del estado onírico cuando te he visto. Alta. Firme. Con la figura fílmica donde un niño reposa su cabeza en tu respaldo. 
    La noche. Los cielos despejados. Sin más estrellas que las más brillantes. El aroma de una ciudad empapada. Todos los requisitos para dar el paseo perfecto por una ciudad que se vacía en las noches más tardías. Y yo encerrado en una jaula que me apremia al descanso para levantarme cuando todo esto ya ha acabado.

    Luna. Pecosa y rubia luna. No te escondas tras capciosas nubes. Mantente alta. Visible e inalcanzable a ojos de los mortales. Donde te he observando durante tantos años por las ventanas de mil lugares. 
    Luna. Alcanza el nuevo día, yo atraparé la nueva noche. Para volver a vernos. Mañana.