Siento una deliberada pasión por las películas de detectives y los ladrones de guante blanco. Mucho mayor que la que siento por el cine de terror, tan de capa caida en mi opinión, incapaz de asustar ya ni a las niñas más tiernas; y más o menos a la par que las películas de suspense, en las que Hitchcock es Dios, y para lo que me reservaré otro post.

    Si bien no recuerdo qué fué antes, si Holmes o las novelas sobrenaturales de detectives, sé con seguridad que una vez comencé se convirtió en mi mayor adicción. Los misterios, la emoción de perseguir a un criminal, la satisfacción de capturarle; y lo mismo por la parte contraria, urdir los preparativos para cometer el crimen perfecto, evadirse del perseguidor y salirte con la tuya. En realidad veo el ajedrez como una caza de policía y ladrón más que como la batalla que sugería Karl Meninger, pero claro, cada cual asocia con lo que tiene más cerca.

    Con el Shogi esta sensación se intensifica al tener la posibilidad de capturar las piezas enemigas y volverlas de tu bando, volviendolas a colocar en juego, como si de chivatos o los policias corruptos se tratase.

    Una película que me impacto en el modo de tratar la vieja historia de ladron y policía que se conocen y se enamoran fué el remake de El secreto de Thomas Crown, la versión de Pierce Brosnan. Fué un impacto porque en aquella época yo tendría no más de 15 años y nunca se me ocurrió que pudieran caer en una relación tan cercana. Lo cuál me motiva a ver la versión original de la película, para comprobar como de fiel fué John McTiernan con respecto a la versión precedente. Mi escena favorita viene al final, el momento cumbre de la película en la que suena una melodía de Nina Simone llamada Sinnerman, que desde entonces se ha convertido en un hito musical para mí, al igual que la escena como arte cinematográfico.

    Buenas noches y buen juego ;)