Hay un cielo deliciosamente perfecto esta noche de San Juan. Desde la ventana de mi casa se ve el cielo abierto dando la bienvenida a todo aquel dichoso de mirar hacia arriba. Jirones de nubes plateadas iluminadas por la luna casi llena se desplazan lentamente hacia el sur. Pocas estrellas estropean la perfecta oscuridad que nos cubre en una noche tan esplendida. Parece el reclamo del final de los espantosos examenes de Junio y la esperanza en mi viaje a Berlín dentro de unas pocas semanas.

    Ojalá pudiera guardar esta imagen en otro lugar que no fuera mi olvidadiza memoria de pez para así poder recuperar esta sensación siempre que quisiera. Es una lástima que mi cámara no sea capaz de captar la grandeza de este fenómeno cósmico.

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