Hay días en los que creo tener el síndrome de Casandra.

    Para el que no lo sepa, Casandra era la hija de Príamo, el rey de Troya, cuya belleza enamoró a Apolo, que le concedió el don de la profecía, pero cuando ella no accedió en su relación con Apolo, esté la maldijo con que nadie creería sus pronosticaciones.

   Y eso es precisamente lo que me pasa muchas veces. Veo las cosas venir y nadie me cree.

   En ocasiones nisiquiera yo mismo…